Roma no se construyó en tres días, pero sí se puede derrumbar en 90 minutos, por lo menos esa fue la moraleja que regaló del sacrificio de unos valientes Samuráis que este miércoles hicieron sufrir, sangrar e incluso llorar, a un imperio histórico del futbol en la Copa Confederaciones.
Sí, Italia ganó 4-3 a Japón en Recife, Brasil, pero bien pudo perder, incluso ser goleado. Este miércoles se dio un claro ejemplo de cómo una playera puede imponer, de cómo una trayectoria histórica puede sobreponerse a las adversidades.
Un partidazo en la Arena Pernambuco puso a cada quién en su sitio de forma cruel y amarga, un tirano del balompié somete a un aguerrido conjunto con las ganas en su frente, cual dictador reprime las "revolucionarias" manifestaciones que buscan plantarle cara al gigante.
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De Rossi, Balotelli y Giovinco, además de un autogol de Uchida pararon en seco a unos kamikazes que nunca dejaron de correr, siempre buscaron la lucha y la incomodidad y que hicieron daño por conducto de Honda, Kagawa y Okazaki.
Japón dio cátedra de cómo faltarle el respeto a un todo poderoso, increíblemente lo hizo desde el primer segundo y hasta el silbatazo final. Un oasis que no duró más de 10 minutos de distracción oriental fue lo que abrió las puertas al gigante para llevarse el botín, nada más.
Los Nipones agobiaron la salida. Daniele de Rossi y Andrea Pirlo nunca recibieron el balón, a medida que los asiáticos, a base de su poderío físico (a priori, el único apartado en el que tenía ventaja Japón) lograron no solamente inclinar la cancha a su favor, sino borrar literalmente el juego "Azzurri" de la cancha.
Sin pasar cinco minutos, Maeda perdonó la primera clara del partido con un cabezazo a las manos de Buffon, pero a los 20', el legendario portero italiano barrería en el área sobre Okazaki para que el árbitro Diego Abal marcara una pena máxima muy discutible. Esto no le importó a Keisuke Honda quien dejó parado al guardameta europeo y, por la pena máxima, abrir el marcador.
El Tetracampeón del mundo seguía sin aparecer, de hecho, pasaría un buen rato antes de que los dirigidos por Cesare Prandelli dieran señales de vida. El vendaval oriental no cesaba, y a los 32' agrandaría su ventaja con una buena jugada de Konno que Shinji Kagawa finalizó con una extraordinaria media vuelta.
Cinco minutos antes del descanso, Italia tendría su mejor momento en el partido, o su lapso menos deplorable. El futbol respeta jerarquías, y esos minutos en los que los "Azzurri" pasaron del ridículo a la mediocridad fueron suficientes para hacer daño; primero en un tiro de esquina de Pirlo que Daniele de Rossi remató de cabeza para acortar distancias, después con un tiro al poste de Giaccherini, instantes antes del silbatazo que mandaba al descanso.
Aferrados a su momento cual niño a su juguete en seis de enero, los europeos apretaron a ritmo semilento, pero suficiente para que el propio Giaccherini mandara un centro que Atsuto Uchida tuviera la desgracia de cortar con mala técnica y mandar el balón a las redes, apenas tres minutos después de la reanudación del encuentro.
Si el penal para Japón fue discutible, el árbitro Diego Abal no quería quedarse fuera de los reflectores en un partido que tenía mucho tiempo de alcanzar los niveles de "memorable", y a estas alturas ya tenía la etiqueta de "épico", con buen rumbo para que, pasados los minutos, lograra la fase de "histórico". El silbante argentino decretó otra pena máxima muy polémica a los 52' que Mario Balotelli capitalizaría para dar una espectacular voltereta.
El conjunto azul no bajó los brazos, los Samuráis sencillamente se los cortaron, al igual que las piernas. Lejos de desmoronarse anímicamente por la remontada, Japón volvió a sacar su orgullo y su disciplina. Posesión, físico, táctica, profundidad, toque, peligro, TODO estaba cargado del bando de los dirigidos por Alberto Zaccheroni, que monopolizaron el trámite del cotejo y los aplausos y porras de cualquier aficionado no italiano en la Arena Pernambuco.
A los 68?, Shinji Okazaki lograba el milagro en un remate de cabeza tras jugada de táctica fija. Con los italianos revolcados sobre el suelo, defendiendo como Júpiter o el espíritu del César les daba a entender, se dedicaron a sufrir en los últimos minutos, sobre todo a los 81' cuando Okazaki y Kagawa mandaron envíos al poste y al travesaño respectivamente, todo la misma jugada, una acción que será tan difícil de olvidar como el mismo partido.
Cuatro minutos antes del final, Italia tuvo la jugada lúcida, que culminó con un pase de Marchisio a Sebastián Giovnico (ingresado apenas al minuto 30 ante el pánico de Prandelli por la inoperancia de su equipo), quien sencillamente empujó el balón para devolver el respiro a los aficionados y la tranquilidad a los "Azzurri".
Italia consiguió, junto con Brasil, el pase a semfinales de la Copa FIFA Confederaciones de manera oficial, ambos conjuntos solamente se verán las caras el sábado para definir al líder del Grupo A, donde México ya está eliminado.
Japón también se va de la justa, aunque si muestra el nivel que mostró en Recife, podrá irse con la cara hacia un sol naciente que traerá esperanza, y seguramente mucho mejor suerte que la que tuvo este miércoles. El resultado y el boleto son para los italianos, los aplausos son para los "Samuráis", la Samba pura por fin tuvo su fiesta en el cuarto día de actividades en la Confederaciones, ¡viva el futbol!







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